No es la edad, es que te aburres

Anatomische Untersuchungen über die Edentaten Tübingen :L. F. Fues,1852. https://biodiversitylibrary.org/page/44804685

Los humanos evolucionamos de forma parecida a lo largo del tiempo: de 0 a 30 años todo es experimentar, aprender, probar, formar la personalidad, ir cogiendo ideas sobre lo que es la vida, el mundo, la gente, el amor, la justicia, etc. Entre los 30 y los 50 años afianzamos lo aprendido antes, ya somos maduros y ponemos a prueba nuestra personalidad y nuestro criterio; “las cosas son así, porque así es como yo las veo”, “soy capaz de hacer esto y aquello no”. Conoces tus capacidades y limitaciones; muchas de las cosas que piensas y dices se basan en la experiencia. “el mundo es así, la gente es así, yo soy así”. Has vivido lo suficiente para confiar en tus opiniones. Entre los 50 y los 70 empieza a haber pausas, una cierta lentitud, hay más cosas que se evitan porque cansan o no apetecen, la forma de ser es más rígida, ya casi no se admiten cambios en la personalidad ni en las costumbres. A partir de los 70 y tantos la gente tiende a hacerte menos caso; todo se repite una y otra vez, y lo más emocionante del día suele ser recordar momentos más intensos del pasado, porque a estas alturas ya qué vas a hacer. 

Por supuesto todo esto es una visión muy general, hay muchas formas de evolucionar:  hay niños que maduran pronto y ancianos que nunca maduraron; adolescentes de 43 años y personalidades perfectamente asentadas a los 17 años; niños de 10 años que ya han trazado el camino que van a seguir en la vida y gente de 60 que todavía no saben lo que quieren. Hay niños atrofiados de no moverse y ancianos atletas. Hay gente que no para de aprender nunca y gente que ya no quiere saber nada más. Hay mucha variedad y eso es maravilloso, nos hace interesantes como especie.

El problema es que la actitud ante la edad no nos la impone el cuerpo, nos la imponemos nosotros y al hacerlo tiramos por la ventana un montón de posibilidades. Eso es imperdonable.

El adolescente que ya no toca sus juguetes por vergüenza, la joven que ya no se ilusiona como antes, el maduro que se ilusiona con un viajecito y poco más. “Ya no tengo edad para esas tonterías”, “no pega nada hacer eso ahora”, “con 20 años eso me parecía genial, ahora no me interesa nada …”. 

Nos olvidamos que lo más interesante de nuestra vida ocurre cuando tenemos curiosidad, ganas, y algo de inocencia. Eso de “ya lo sé todo” no solo es mentira, es una estupidez. Confundimos la responsabilidad con la seriedad, nos hacemos aburridos a base de madurar como dicen los manuales.

El aburrimiento que nos auto imponemos es el responsable de muchos momentos de ansiedad, depresión, falta de vida sexual o rutina aplastante.

3 consejos

1     No des nada por sentado. Queda mucho por aprender, nos vamos a morir dándonos cuenta de esto o de aquello. Vivir es un “darse cuenta” que no termina nunca. Aprende cosas, interésate en algo que no sea lo de siempre en el trabajo, prueba otras formas de ocio, recicla amistades. Tener curiosidad y no dar nada por sentado es la mejor forma de crecer. 

2    Juega. Una de las cosas más apasionantes que has hecho en tu vida es jugar cuando eras niño.  Es una sensación que los adultos olvidan con facilidad y la sustituyen con apuestas, deportes o relaciones inestables, pero no es lo mismo. Tengas la edad que tengas tienes todo el derecho a jugar a lo que te dé la gana, sin miedo al ridículo, sin sentir vergüenza. Necesitas volver a sentir esa emoción del juego puro porque activa la dopamina y la serotonina y eso es vitalidad. Y sobre todo porque jugar es divertido.

3    Prueba. ¿Tienes la vida sexual de una escoba? Sé valiente, vuelve a seducir, habla claro, prueba cosas. El deseo se puede reactivar con la voluntad, basta un poco de imaginación, de intentar otras formas, y algo de sugestión. ¿Te aburre tu pareja o tu trabajo? Las relaciones se trabajan, se hablan y se reconstruyen, se pueden tomar descansos, se puede ir a un especialista. Se puede replantear la forma de trabajar. Intenta retomar algo que hacías en el pasado, puede que ahora te vuelva a gustar o prueba cosas nuevas. Por probar no se pierde gran cosa (manteniendo siempre un mínimo de sentido común y sensatez, por favor).

Es importante darse bien la oportunidad, tener paciencia y poco a poco se reactiva la sensación de estar más vivos que nunca.

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