Lo que queda de mí

No siempre hemos sido como somos ahora. Hemos pasado etapas, nos hemos tenido que adaptar a cambios, hemos perdido y ganado gente por el camino, hemos aprendido cosas, y en cada transición algo nuevo aparece y algo de nosotros se queda atrás. 

Esto puede ocurrir por dos motivos:

  1. Dejas atrás parte de tí porque tú lo has decidido: por superar complejos y frustraciones, por superar inseguridad, porque ya tienes una edad y tienes que comportarte como lo hace la gente a esa edad.
  2. Dejas atrás parte de ti porque algo te hace cambiar: estrés, depresión, una crisis económica o una pandemia.

¿Echas de menos algo de tí, de cómo eras antes?

¿Qué edad tienes?, pongamos que estás entre los 20 y los 100 años. Ahora tienes una personalidad y una forma de ser, pero ¿Siempre has sido así, como eres ahora? Quizás sientas orgullo de haber pasado página, de haber superado la inseguridad, o el miedo al qué dirán, o ahora sabes elegir mejor a la gente que te importa, ya no eres tan insensato, ya no te crees lo primero que te dicen.

“¿Volver a ser como antes?, qué tontería, ahora estoy mucho mejor”, “no, no echo nada de menos cómo era antes”, “me ha costado muchos palos y esfuerzo ser como soy ahora, no me interesa nada volver a ser como antes”, “antes, cuando era más inocente, confiaba más en la gente y me tomaron el pelo muchas veces, ya no me engañan tan fácilmente”, “ya no toca vestir así”, “ya no toca hablar así”, “ya no me interesa nada de aquello …”

Aunque todavía queden partes de tí que hay que mejorar, por poco que hayas aprendido, en general puede que ahora te sientas más capaz, más responsable, más madur@. Pero a veces ocurre que estás en un sitio y de repente suena una canción que hace años te gustaba muchísimo y te viene un sentimiento potente y difícil de explicar, se despierta una emoción que hacía años que estaba dormida. O ves una foto de tu infancia, te encuentras en internet con alguien que fue importante en el pasado … Crees que ya no eres tan inocente, pero cuando te está gustando una película y eliges creerte la historia estás siendo como un niño al que le cuentan un cuento y se lo cree. Ilusionarse con cumpleaños y fiestas es cosa de niños, pero si ahora el día de tu cumpleaños nadie se acuerda de tí, vas a sentir que algo va mal. De adolescente estabas enamorad@ en secreto de alguien y ahora eso te parece una tontería … hasta que te das cuenta de que llevas años imaginando situaciones con alguien que no es tu pareja y que es algo a lo que no haces caso porque no quieres romper tu relación actual. Ahora te gusta viajar, pero antes era más barato y sencillo: ir de una parte del barrio a otra era una aventura y esa sensación sigue presente en mucha gente, salir a pasear como si fuera una aventura.

Por el camino dejamos atrás cosas muy valiosas

Es muy posible que en el camino que has recorrido hasta llegar a este momento de tu vida se hayan quedado atrás cosas como la mirada inocente, la curiosidad, el sentir con intensidad momentos que ahora te parecen insípidos, el reirte alto y fuerte, las ganas de aventura, cuando el mundo era un sitio a descubrir, cuando podías confiar más, cuando el amor era intenso y alimentaba las ganas de vivir. Son cosas importantes, que le dan color y energía a la vida. Entonces ¿Por qué se quedan atrás y las superamos? Porque muchas de esas cosas te han creado problemas y necesitas superarlos o bien porque la vida te ha empujado a hacerlo.

Pero una cosa es haber madurado y otra muy distinta es acabar convertido en una estatua de responsabilidad, lógica, sensatez, prudencia, etc. Cuando se pasa página, cuando estás en otra etapa en la vida, se dejan atrás partes de tí que le daban color a tu forma de ser, que te hacían sentir más viv@. Cada vez que sientes que has madurado es muy probable que hayas sacrificado una parte de tí que te hacía único. Hay personas que lo hacen de tal forma que llegan al punto de no reconocerse a sí mismas.

Todo lo que antes has sido no ha desaparecido, está guardado

Pero el cerebro no tira nada, a no ser que tengas un trastorno neurológico grave, al cerebro le interesa todo lo que te pasa y no tira nada, lo que hace es ocultar, distraer, guardar en lo profundo del inconsciente las cosas que ya has superado, o las que no puede superar: por ejemplo, cuando los padres olvidan las etapas más difíciles de la crianza del bebé, lo que hacen es protegerse inconscientemente de ese estrés, se olvida o se recuerda como algo no tan grave y eso hace que puedan seguir teniendo fuerzas para seguir con la educación del niño. Otro ejemplo son los trastornos disociativos, que es cuando el cerebro oculta un trauma de forma que no se pueda recordar y el resultado es que la persona se siente extraña, intuye que ha pasado algo pero no sabe lo que ha sido. Puede que durante un tiempo fueras más sensible y tímida y lo pasastes mal en el colegio o en la universidad, pero ahora eres más extrovertida y eso de ser tan sensible ha quedado atrás; pero a veces te aguantas las ganas de llorar viendo una película o no puedes evitar que algo te afecte más que a los demás. Porque el cerebro no tira nada y todo eso que eras sigue dentro de tí de una forma u otra.

¿Se puede recuperar lo que eras antes sin caer en la inmadurez, en los mismos errores del pasado?

    Se supone que algo has aprendido por el camino ¿no? Y si la respuesta es No, entonces tienes que ponerte a prueba otra vez para ver si eres capaz de evitar esos mismos errores que cuando tenías diecisiete años.

Si tu forma de ser anterior era problemática, eras adicto, tenías una enfermedad, no controlabas la rabia, si hacías daño a los demás o a tí mismo, si te sentías inferior o superior a los demás, no hace falta decir que está bien que eso quede atrás. Aquí estamos hablando de recuperar lo que ha quedado atrás pero que es bueno para tu vida, para sentirte una persona más completa.

Ten experiencias que te hagan sentir que estás vivo

Lo que te hace ser tú es la suma de varias cosas: tu ego, tus genes, tu memoria, tus creencias, pero sobre todo uno es lo que siente cuando experimenta la vida. Estamos hechos de pensamientos y recuerdos, pero sobre todo de sensaciones, somos lo que sentimos. Puedes sentir muchas cosas estando sentado y siendo prudente y maduro, pero puedes sentir muchas más cuando te mueves, cuando te atreves. Cuando haces cosas nuevas el cerebro usará los recursos que crea necesarios para afrontar lo imprevisto y entonces es más probable que se reactiven partes de tí que estaban guardadas y escondidas

Siempre hay una forma de encontrar un equilibrio

La palabra equilibrio se va a repetir muchas veces en este blog, porque es una palabra esencial para la psicología, y este blog trata de eso (entre otros temas). Veamos algunos ejemplos:

Si en el pasado sufristes por haber sido tímido, ahora no tienes que negar eso de tí, la timidez, cuando no hace daño, es algo especial, te hace prudente, te ayuda a ver a los demás en perspectiva, con la distancia que muchas veces hace falta, significa que tienes una sensibilidad. Otra cosa es el miedo patológico a hacer el ridículo, o el quedarte sin vida social por pura timidez. Entonces tienes un problema que arreglar. Puedes permitirte un grado de timidez en algunas situaciones, pero cuando sea necesario dar la cara tendrás que encontrar la forma de hacerlo sin convertirte en un falso extrovertido.

Echas de menos divertirte más con tu aspecto físico: no te vistes con ciertos colores o ciertas prendas porque ya no te pegan, no son serias, no son normales y no quieres ir por ahí llamando la atención. Vestir correctamente en el trabajo es natural, pero puede que no haya nada malo en llevar una chapa de esas que estaban de moda en los ochenta. Ir a comprar el pan con una chaqueta amarillo limón es una ridiculez o una forma de divertirte y romper la monotonía del día a día y de paso superar tu miedo a lo que piensen los demás de tí. ¿Te parece ridícula la gente de cincuenta años con una camiseta de AC/DC?, ¿Qué sería más adecuado, llevar una de Beethoven? A lo mejor esa camiseta combinada con un pantalón de vestir no queda tan mal, o … Lo imperdonable es llevar la camiseta rockera con un chándal, no porque no pegue a tu edad, sino porque seguramente te dará una pinta triste y algo cutre.

Si te sientes capaz de encontrar el equilibrio, no temas tanto el hacer el ridículo, sólo es cuestión de mantener un mínimo de sensatez y no tirarlo todo por la ventana por las buenas.

Conserva cosas que simbolicen algo importante para tí

Tienes 6 años y vas a la montaña de cosas a coger un juguete. Al coger uno, la montaña se mueve y asoma algo que era muy especial cuando tenías 3 años. Es un osito de los que siempre vuelve a estar de pie cuando intentas tumbarlo. Durante un rato no puedes parar de empujar el osito, porque tu yo de 3 años sigue ahí dentro de tí, y le sigue fascinando ver cómo una cosa se tumba y vuelve a su sitio sola. Te habías olvidado de lo divertido que puede ser tener curiosidad y la has recuperado.

Tienes 14 años y tienes que hacer sitio en un cajón para guardar ropa nueva, empiezas a tirar algunas cosas más propias de niños que de alguien que ya es mayor, y de pronto te encuentras con el osito que no se cae y al lado hay un muñequito que es el que te daba buena suerte cuando tenías 6 años. Imposible tirarlo, seguro que conserva algo de su antigua magia y sigue dando suerte. Además sería cruel prescindir de quien nos dió buena suerte durante años. Ibas a tirar la idea de que hay magia en el mundo, pero inconsciente la has guardado, porque nunca se sabe.

Tienes 28 años y estás de mudanza. Ya tienes listas las cajas con zapatos, ropa, cosas de escritorio y preparas una caja para las cosas personales, las que no sirven para nada pero no se pueden tirar, porque son parte de tu historia. Estás a punto de tirar el osito y el muñequito, pero van a la caja en parte por pena y en parte porque quieres conservar tu capacidad de divertirte con cosas simples y aunque ya no crees en la magia, ahora ese muñeco te parece un símbolo de lo que es tener esperanza.

Tienes 60 años y le acabas de dar el osito y el muñeco a tu nieta, porque se los ha encontrado en una caja y le han llamado la atención y porque son tu legado más importante: curiosidad y esperanza.

No hay que acumular demasiadas cosas. No hay palabra más tonta que Trastero, el sitio de los trastos. ¿Para qué guardarlos? Quédate sólo lo que necesitas y selecciona unos cuantos objetos que recuerden lo que eres, no guardes trastos, quédate solo con unos cuantos objetos que simbolicen algo de tu forma de ser. No hace falta guardar toda la colección de discos, basta con seleccionar unos pocos que tengan la portada atractiva y enmarcarlos. Los objetos del pasado simbolizan cosas que siguen siendo importantes.

Al final, una pregunta: si a un unicornio se le quita el color y la magia y se le endurece la piel ¿Qué es lo que queda?

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¿Quieres saber más?

Además de la evolución personal, hay otras situaciones que pueden hacer que dejes de ser tú mism@

Hay situaciones de estrés que te pueden hacer sentir extraño, como si te costara reconocerte

Es posible que en algún momento de tu vida llegues a sentir que no te reconoces, que todo es raro, como en los primeros instantes al despertar de un sueño profundo, o al tomar antibióticos fuertes o antidepresivos que no te sientan bien, o al consumir demasiado alcohol o drogas; lo normal es que dure poco, la sensación desaparece al despertar o cuando desaparece  el efecto de lo que has tomado. Pero hay situaciones en las que esa sensación de extrañeza, de no ser tú mismo, es más permanente. Cuando la vida nos va empujando a base de estrés y problemas, acabamos en un sitio, dentro de nosotros, que no es el sitio donde estamos siempre. 

“Qué raro me parece que es todo ahora”, “yo no soy así”, “yo no soy capaz de hacer eso”, “esto no me está pasando”, “ya no se quien soy” “ya no se lo que quiero” “he cambiado tanto no me reconozco”

El estrés sostenido durante mucho tiempo puede hacer que ya no te reconozcas; ahora eres alguien que siempre está luchando, en tensión, te vuelves negativo, irritable, ya no eres alguien que disfruta. Sabes que cuando la vida era menos estresante, cuando sentías menos carga, (menos responsabilidad, menos culpa), el mundo te parecía un sitio mejor, en el que había de todo, y ahora solo hay problemas y mala gente, casi todo te parece mal y no lo entiendes porque tú sabes que no eres así. Trabajar en algo que no te gusta, pero no lo puedes dejar; sufrir un trauma sin sentido como una enfermedad grave o un accidente; las separaciones llenas de rencor y venganza; el estrés de saber que has llegado a una edad y que no has cumplido lo que soñabas. La situación actual de la pandemia afecta a tus costumbres, ya no puedes salir como antes, hay que llevar mascarilla, la economía y el futuro preocupan, cada vez que sales ves caras más serias, tienes que convivir con el temor, con el miedo, estás pendiente de las noticias. Llega un punto en el que si intentas adaptarte a esta nueva realidad, tienes que cambiar tú, el valor que le das a ciertas cosas, y te acabas sintiendo extraño.

No todo el mundo acepta bien el paso del tiempo

Después de cumplir los cuarenta años es muy frecuente que uno no se reconozca del todo y diga cosas como: “cuando pienso en mí me imagino que tengo todavía treinta y tantos”, “creo que me he quedado en los treinta y siete”. ¿Porqué hay tanto auge de tratamientos y operaciones de estética? porque no todo el mundo acepta a la persona con arrugas y canas que un día se encuentra en el espejo.

“Ese no soy yo”, “yo no soy así” “a pesar del bótox se le nota mucho la edad, pero no le digas nada que le sienta fatal”

Cuando te empiezan a llamar señora o señor, cuando la gente jóven te trata siempre con distancia e ironía, cuando ya no te hacen tanto caso y siempre te sientes en un segundo plano, cuando todo eso te hace sentir extraño quizás ya ha llegado el momento de poner tu autoestima en otra cosa y no sólo en el aspecto físico o en cómo te ven los demás-

Hay enfermedades que te hacen sentir extraño

Por ejemplo, una depresión puede evolucionar de forma que poco a poco vas perdiendo el rastro de tí mism@, vas dejando de ser tú, te ves a tí como desde lejos, difuminado en una bruma de pesadumbre que te impide pensar con claridad; ya no te emocionas con las mismas cosas, ya no piensas ni sientes igual que antes. Cuando se supera la depresión, se siente alivio por volver a sentir energía y bienestar y, sobre todo, por volver a sentirse uno mismo.

Hay otras enfermedades que producen el mismo efecto, por ejemplo el Trastorno de Despersonalización, en donde la persona no se reconoce, se ve extraña, o no reconoce la realidad que le rodea, cuando habla le parece raro lo que está diciendo, como si otro hablase por su boca, hay casos que ni siquiera reconocen su propio cuerpo.  También puede haber un Trastorno de Desrealización en el que ves las personas y las cosas a tu alrededor como raras, borrosas o sin color, como si estuvieras en un cuento de fantasía rara. Son enfermedades que ocurren en muy pocos casos tras el consumo excesivo de drogas o tras una experiencia traumática o cuando se pasa mucho tiempo encerrado sin estimulación externa.

Cuando se trata la causa, la sensación de extrañeza desaparece.

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